Medidas de Estreno

20080319010555-politica-fiscal-restrictivaLas recientes medidas del Gobierno, reducción del gasto público y aumento de los impuestos, se han venido a justificar por  (1) la “heredada” (¡adjetivo imprescindible!) situación del déficit público, (2) la obligación constitucional de consolidación fiscal, (3) la estabilidad de la zona euro y (4) la perspectiva negativa de crecimiento.

Eso sí, no hemos de preocuparnos porque el PP incumpla el contrato electoral de no subida impositiva ya que ha prometido que se trata de una medida temporal y que posteriormente este “agravio” será resarcido con creces (¡aleluya!).

Lo que llama la atención de las medidas es la elección de metas cortoplacistas. En mi opinión esta elección viene motivada por las presiones de Europa y de la prima de riesgo, más que por las necesidades internas de crecimiento y reducción de paro, a las que obviamente no hace ningún favor. El gobierno ha de ser consciente de que con este tipo de políticas- incremento de la imposición sobre las rentas del trabajo (IRPF) por encima de la media de la ODCE-  está por un lado, disminuyendo la productividad del factor trabajo, repercutiendo en el precio de éste (justo antes de la ansiada reforma del mercado laboral) y disminuyendo la productividad de las empresas. Una productividad que, como es bien sabido (ver “¿Seguro que crecemos?”), es un elemento clave para la incentivación del PIB a través de las exportaciones.
Por otro lado, el incremento impositivo en las rentas del trabajo, del capital y de la riqueza, reduce la capacidad de ahorro agregado, reduciendo el consumo y castigando la demanda interna aún más.

Tocados por los tres flancos

La reactivación de la demanda puede venir a través de tres vías:
1.    demanda interna pública
2.    demanda interna privada
3.    demanda externa

Haciendo un repaso de la situación vemos que, por un lado, el consumo privado, a raíz de crisis financiera mundial (falta de crédito) y de crisis española de la construcción, está prácticamente por los suelos. Por otro lado, la crisis de la deuda soberana y la crisis de estabilidad de la eurozona, han obligado al gobierno a reducir gasto público, imposibilitando el “relevo” al vacío dejado por el consumo privado. Y por último, la demanda externa, las exportaciones, está siendo torpedeada por “el flanco derecho” (permítanme la licencia política) con la excusa de que no les queda otra opción.

No hace falta ser una lumbrera para entender que de entre los dos mecanismos disponibles en una política fiscal restrictiva, disminución del gasto público o incremento de impuestos, se decide por la opción conjunta, el margen para la reactivación es prácticamente nulo.

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