Las recientes medidas del Gobierno, reducción del gasto público y aumento de los impuestos, se han venido a justificar por (1) la “heredada” (¡adjetivo imprescindible!) situación del déficit público, (2) la obligación constitucional de consolidación fiscal, (3) la estabilidad de la zona euro y (4) la perspectiva negativa de crecimiento.
Eso sí, no hemos de preocuparnos porque el PP incumpla el contrato electoral de no subida impositiva ya que ha prometido que se trata de una medida temporal y que posteriormente este “agravio” será resarcido con creces (¡aleluya!).
Lo que llama la atención de las medidas es la elección de metas cortoplacistas. En mi opinión esta elección viene motivada por las presiones de Europa y de la prima de riesgo, más que por las necesidades internas de crecimiento y reducción de paro, a las que obviamente no hace ningún favor. El gobierno ha de ser consciente de que con este tipo de políticas- incremento de la imposición sobre las rentas del trabajo (IRPF) por encima de la media de la ODCE- está por un lado, disminuyendo la productividad del factor trabajo, repercutiendo en el precio de éste (justo antes de la ansiada reforma del mercado laboral) y disminuyendo la productividad de las empresas. Una productividad que, como es bien sabido (ver “¿Seguro que crecemos?”), es un elemento clave para la incentivación del PIB a través de las exportaciones.
Por otro lado, el incremento impositivo en las rentas del trabajo, del capital y de la riqueza, reduce la capacidad de ahorro agregado, reduciendo el consumo y castigando la demanda interna aún más.
Tocados por los tres flancos
La reactivación de la demanda puede venir a través de tres vías:
1. demanda interna pública
2. demanda interna privada
3. demanda externa
Haciendo un repaso de la situación vemos que, por un lado, el consumo privado, a raíz de crisis financiera mundial (falta de crédito) y de crisis española de la construcción, está prácticamente por los suelos. Por otro lado, la crisis de la deuda soberana y la crisis de estabilidad de la eurozona, han obligado al gobierno a reducir gasto público, imposibilitando el “relevo” al vacío dejado por el consumo privado. Y por último, la demanda externa, las exportaciones, está siendo torpedeada por “el flanco derecho” (permítanme la licencia política) con la excusa de que no les queda otra opción.
No hace falta ser una lumbrera para entender que de entre los dos mecanismos disponibles en una política fiscal restrictiva, disminución del gasto público o incremento de impuestos, se decide por la opción conjunta, el margen para la reactivación es prácticamente nulo.
Hace unos días me entrevisté con una profesora de Economía y Empresa de la Universidad Pompeu Fabra que estudia desde hace años las claves y los entresijos que se ocultan en el “arte” de crear empresas, en definitiva, de ser emprendedor. A pesar su amplia experiencia en el ámbito docente, aún hoy, considera un reto transmitir, inculcar y potenciar la actitud emprendedora en la juventud universitaria. 
Merkel ya tiene un plan para rescatar al euro “de una vez por todas”: los bancos centrales nacionales europeos, que operan bajo el paraguas del BCE, podrían prestar hasta 200.000 millones de euros al FMI para que sean canalizados hacia los países en problemas y luchar contra la crisis de deuda.
Este es el dilema que atenaza a los dirigentes de occidente desde que se desató la crisis. Este dilema, sin embargo, no es nuevo. Ya desde los inicios del capitalismo, esta cuestión ha sido motivo de inquietantes debates y luchas tanto políticas, como teóricas. ¿Por qué es tan difícil encontrar respuesta?
Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal (Fed), ha anunciado que se tomarán nuevas medidas para “estimular” la economía estadounidense. El objetivo es lograr, por fin, activar el crecimiento económico y la creación de empleo. ¿Cómo pretende hacerlo? Pues bien, he de deciros que tratar de entender estos mecanismos puede ser complejo, pero, sin duda, nos ayuda a comprender que la ley de causa-efecto, en la economía, es pura carambola.
Ayer participé en un debate acerca de la necesidad de someter a referéndum la modificación exprés de nuestra constitución. Este tema ha levantado ampollas, por diferentes motivos, pero creo muchas veces se ha sacado de contexto. El debate en cuestión se centraba en la falta de conocimiento de la gente para poder decidir acerca de una cuestión tan técnica como el límite al déficit estructural del país. Existen otras susceptibilidades mucho más controvertidas a las que no hago referencia en este artículo.
Mi último artículo ha despertado la opinión de algunos amigos “controvertidos”. En particular uno de ellos me envió un mail con la solución (parcial) al problema. Digo parcial porque entiendo que no pretende ser la fórmula mágica que solucione toda la situación en la que nos encontramos:
Ni idea, pero en cualquier caso será apasionante, es una de las cuatro posibles respuestas a la pregunta cuarenta del examen de Dirección Financiera II de tercero y cuarto de ECO/ADE. Las otras tres son menos sagaces pero igualmente acertadas: a) tendrá una evolución positiva, b) tendrá una evolución negativa y c) fluctuará.
Lluvia de críticas a la Austeridad
1. El déficit, principal causante de la deuda, ha de bajar.
2. Los intereses, que forman parte de la deuda, han de bajar.
3. El crecimiento nominal (crecimiento real menos inflación) de la economía, generador de los recursos para pagar la deuda y para reducir el déficit, ha de subir.
Algunos dirigentes europeos, como Guy Verhofstadt, miembro del Parlamento Europeo y líder de los Demócratas Liberales de Europa, o como Erkky Tuomioja, ministro de relaciones exteriores finlandés, y otras voces acreditadas, como Wolfgang Münchau, reconocido columnista del Financial Times, han levantado contundentes críticas a las medidas capitaneadas por la canciller Angela Merkel para la defensa y resurrección de la eurozona. Las críticas se centran fundamentalmente en el olvido del tercer punto. También critican la falta de unión política y fiscal y proponen medidas como la mutualización de la deuda (compartámosla como buenos hermanos) o el empleo de los fondos de rescate para incentivar el crecimiento.
A pesar del aliento que dichas críticas nos aportan, poner el punto de mira sólo en el crecimiento, olvidándonos de la austeridad, nos sacaría del fuego para caer en las brasas. La dificultad radica en la adecuada combinación de ambas variables; austeridad para reducir el déficit (vía reducción del gasto) y crecimiento para reducir el déficit y pagar la deuda (vía aumento de los ingresos). Nadie dijo que fuese fácil.
¿Cómo combinarlas? Aquí me remito a un artículo que escribí hace algún tiempo en el que recordando a Keynes y Hayek debatía sobre gasto público… ¿sí o no? España, durante la época de esplendor, creció a tasas considerables por varios motivos. Uno de ellos fue precisamente la utilización de la rápida y eficaz herramienta del gasto público: carreteras, aeropuertos y grandes infraestructuras. Otra fuente de crecimiento en los años de esplendor fue el masivo flujo de fondos desde el norte de Europa a los países periféricos. Este flujo se ha revertido en el último par de años, provocado una contracción monetaria sin precedentes. Bien, creo que en estos momentos no es adecuado recurrir al primero factor ya que esto endeudaría más las arcas públicas y nos alejaría de la solución combinada. Pero sí podemos recuperar el flujo de inversión exterior siempre que incrementemos nuestra credibilidad.
Esto se consigue, como todo, haciendo las cosas bien y generando confianza política y económica a los inversores. Es cierto que parte de esta credibilidad se basa en la puesta en marcha de medidas de ajuste fiscal (austeridad), pero los mercados están cada vez más preocupados por el crecimiento y menos por la deuda. Esto no significa que podamos soltarnos el cinturón. Hemos de ser capaces de conseguir, y de comunicar (casi más importante), que atacamos el problema por ambos frentes: me suelto el cinturón pero también me pongo a dieta. Para ello es necesario:
1. Depurar el sistema de los excesos que le han conducido hasta aquí, como por ejemplo los derroches administrativos. Vamos a limpiar la paradita.
2. Realizar cambios estructurales que incrementen nuestra productividad, competitividad y eficacia interna. Aumentando así la entrada de capital extranjero y las exportaciones. Todo a la espera de la recuperación de la demanda interna (previa condición indispensable de reducción del paro).
El problema es que estas dos vías son efectivas en el largo plazo y siempre que se realicen bien. Pero considero que por mucho que el tiempo apremie, es hora de acabar con la España del parche.