Ayer participé en un debate acerca de la necesidad de someter a referéndum la modificación exprés de nuestra constitución. Este tema ha levantado ampollas, por diferentes motivos, pero creo muchas veces se ha sacado de contexto. El debate en cuestión se centraba en la falta de conocimiento de la gente para poder decidir acerca de una cuestión tan técnica como el límite al déficit estructural del país. Existen otras susceptibilidades mucho más controvertidas a las que no hago referencia en este artículo.
Horas más tarde escuché de boca de un tertuliano de “Els matins de TV3” que <<… si bien todos tenemos los mismos derechos, no todos tenemos los mismos conocimientos…>>. Dicho tertuliano cuestionaba de este modo la idoneidad de que este tema en particular fuese refrendado.
Mi intención es la de arrojar un poco de luz a estos conceptos tan complejos.
Qué es el déficit estructural, porqué debería limitarse y si debe hacerse, por qué dentro de la constitución. Empecemos por partes:
1. El déficit es la diferencia entre gastos e ingresos. Equivalente a las pérdidas en una empresa. Es evidente que estas pérdidas han de ser financiadas, y en el caso de un país el déficit se cubre con financiación extranjera e inversores a través de deuda.
2. Déficit estructural es el que existe incluso cuando la economía está en su mejor momento. Un país puede considerar necesario endeudarse (gastar hoy ingresos de mañana) en momentos de recesión para hacer frente al desempleo y otras prestaciones sociales. Pero si el endeudamiento es mayor, si excede estas necesidades, entramos en déficit estructural. Estamos endeudándonos sin generar capacidad futura para cubrir esta deuda.
3. ¿Es necesario limitarlo? El déficit estructural es el reflejo de ineficiencias estructurales, que otros, ya que nosotros no podemos, tendrán que pagar. ¿Hasta qué punto los países acreedores, los que nos han prestado el dinero, han de seguir financiando nuestro mala gestión, o en el peor de los escenarios, nuestra fiesta?
4. Ha de incluirse en la constitución. Desde Europa se nos exige rigor y Angela Merkel cree firmemente en la necesidad de constitucionalizar el límite de la deuda y el déficit, como ya comenté en otro artículo anterior, para salvar la zona euro, últimamente en grave peligro.
La suspicacia surge cuando uno analiza con detalle las condiciones del límite y comprende que además de establecer la el importe fuera del marco constitucional, el margen de maniobra es tan amplio que probablemente no sea más que otra elaborada puesta en escena para un público europeo temeroso de que la obra sea todo un fracaso.
Referendum sí o no
Solución
Mi último artículo ha despertado la opinión de algunos amigos “controvertidos”. En particular uno de ellos me envió un mail con la solución (parcial) al problema. Digo parcial porque entiendo que no pretende ser la fórmula mágica que solucione toda la situación en la que nos encontramos:
“Pues muy fácil, la globalización, ha sido el mejor movimiento de izquierdas de la historia, repartiendo la riqueza de occidente al resto del mundo, un “resto del mundo” que no tiene prácticamente aparato del estado, ni gastos sociales (India y china). Para competir con ellos (India y china también invierten I +D), solo queda un camino, rebajar el grosor del estado, para poder bajar impuestos y poder competir con ellos. Si a esta situación le sumas que en occidente no quedan materias primas (en una crisis tradicional bajaban al no consumir EEUU y Europa), pero ahora existen India y China por lo que los países productores de petróleo pueden mantener e incluso subir precios produciendo una descapitalización de occidente y si a ello sumas, que se han dado cuenta que con ese dinerito nos pueden comprar deuda aumentando nuestra dependencia de ellos, solo queda un camino…
Adelgazamiento del estado, bajada de impuestos, hasta llegar al déficit cero, mentalizando a la población, que o aumentamos nuestra competitividad hasta equilibrar la balanza…”
Coincido en (casi todo) el análisis de la situación global. Entiendo que existen otros factores que interaccionan en este escenario, pero resume y simplifica el hecho de que las potencias emergentes, principalmente China tradicionalmente con papeles secundarios, ahora nos tienen pillados por… la deuda. Durante años les hemos abierto nuestras puertas, les hemos dejado instalarse en nuestro ADN económico y crecer de forma “poco normalizada” dando lugar a un competidor “desleal” contra el que no es posible competir dado nuestro estado del bienestar.
Adelgazar el estado como solución. Bien, no estoy en contra de adelgazar, el exceso de grasa no es ni sano ni necesario. Pero considero que hemos de adelgazar TODOS.
Todos hemos de perder grasa, no solo el Estado. Es cierto que hemos de eliminar la duplicidad de competencias, el exceso de funcionarios, el gasto incoherente en infraestructuras públicas, como por ejemplo el AVE Madrid Cuenca, con 9 pasajeros de media o los 130 millones invertidos en un circuito urbano de Valencia, teniendo el circuito de Cheste a tan solo 30 kilómetros (Valencia, segunda en el ranking de la deuda autonómica), por poner sólo dos ejemplos recientes de incoherencias millonarias.
Precisamente este amigo me envió el artículo en el que Rafael Rubio (vale la pena leerlo) en el que enumera 10 verdades sobre la crisis que debemos aceptar. Expongo únicamente tres:
• El esfuerzo debe incluir a todos.
• Debemos recuperar la responsabilidad y el espíritu competitivo
• Los salarios reales van a bajar.
Adelgazar el estado y bajar impuestos como único remedio para aumentar la competitividad, es totalmente insuficiente. El esfuerzo ha de ser colectivo. El problema es saber cómo. Todos coinciden en la solución global, pero cómo se ha de implementar teniendo en cuenta a todos los agentes sociales, agentes económicos, agentes financieros, instituciones autonómicas, instituciones e intereses europeos, mercados internacionales…
En una cosa he de darle toda la razón a este amigo; me recuerda que las crisis se han resuelto históricamente mediante guerras, como el caso de la Segunda Guerra Mundial. Igual que cuando se cuelga el ordenador, cuando los países se “cuelgan” tenemos que “resetear”. La pregunta es: ¿cuál será el “reset” en esta ocasión?
Ni idea, pero en cualquier caso será apasionante
Ni idea, pero en cualquier caso será apasionante, es una de las cuatro posibles respuestas a la pregunta cuarenta del examen de Dirección Financiera II de tercero y cuarto de ECO/ADE. Las otras tres son menos sagaces pero igualmente acertadas: a) tendrá una evolución positiva, b) tendrá una evolución negativa y c) fluctuará.
¿Cuál es la pregunta? La pregunta es: “¿Qué pasará en los próximos meses, años, en estos tres ámbitos: la bolsa europea, los tipos de interés a corto y largo plazo en la zona euro y el coste de capital de las empresas y los estados europeos. “
Esta era la singular y perspicaz pregunta que el profesor Xavier Puig, con un gesto de complicidad (no exento de humor socarrón) regalaba a sus alumnos en el examen final. El 60% de los alumnos contestaron la d), y si bien no existía respuesta correcta, a mi entender es la más acertada. Un dato curioso es que tan sólo un estudiante contestó la b), tendrá una evolución negativa. Parece que nos resistimos a creer que las cosas van a ir a peor a pesar de la insistencia de algunos economistas mediáticos, que no sabemos si por veraz conocimiento o por voraz apetito – a más catastrofista más visitas al blog y más entrevistas – insisten en vaticinar la llegada de Mad Max en la Cúpula del Trueno a las calles de nuestro país.
Son muchos los que creen, o pretenden hacernos creer, que conocen la respuesta y pocos los que con humildad reconocen que no tenemos ni idea.
Economía… ¿familiar o estatal?
Últimamente la prensa económica está de enhorabuena, el flujo de noticias y debates sobre problemas, medidas, reformas y fórmulas mágicas es inagotable. Uno de los debates más candentes es la reforma laboral. Soy consciente de que este tema hiere susceptibilidades, pero considero crucial hablar de ello sin tapujos ni prejuicios. Hemos de curar al enfermo antes de pensar en mejorar su calidad de vida. Me explico. A mi entender las medidas han de ser contundentes, exentas de juicios morales o moralinas y con una doble vertiente: económica y social.
Dentro de la vertiente económica, es urgente – que no más importante – adecuar los costes a los ingresos. Y esto ha de hacerse a todos los niveles: familiar, empresarial, regional (CCAA) y Estatal.
Es mucho más sencillo situar el escenario en el ámbito familiar, pero la argumentación es extensible al resto. Cuando una familia está en crisis, es decir, sus deudas son insostenibles (deuda externa), los gastos superan los ingresos (déficit) y no es viable incrementar los ingresos a corto y medio plazo, parece obvio que la solución inmediata es reducir el gasto al mínimo. Adecuarlo al nivel de renta, es decir a la productividad de la familia. También parece lógico que el siguiente paso sea reducir las deudas que asfixian y que reducen la capacidad de inversión y de generar mayor riqueza a largo plazo.
Otra medida importante, no tanto para las familias como para las empresas, es contratar servicios a un precio hora asequible, adecuado a la capacidad de generar riqueza; a la productividad de la familia. No puede ser de otra forma, no podemos gastar por encima de nuestras posibilidades, a largo plazo desemboca en mayores perjuicios. Y esto es precisamente lo que muchos economistas tratan de explicar a sindicatos y gobierno sin mucho éxito. Comprendo que es muy tentador caer en la justificación moral de mantener, incluso aumentar, el poder adquisitivo de las familias y de equiparar nuestro nivel salarial al de otros países europeos. Es una voluntad comprensible, pero no exenta de demagogia si no valoramos las consecuencias. Pagar caro reduce nuestra competitividad, nuestra capacidad de autofinanciación e inversión y a la larga incrementa el paro y la inflación. No podemos pagar por encima de la riqueza que generamos, a pesar de que el lampista y el albañil (que vienen a casa) se merezcan un salario mejor.
La segunda vertiente tiene efectos a más largo plazo; menos urgente, pero más importante. En el entendimiento de que todos queremos un salario mejor, mejores casas, mejor sanidad, educación, es decir, mejor calidad de vida, hemos de procurar poner los medios necesarios para conseguirlo. A mi sólo se me ocurre una forma; invertir en nosotros. Hemos de aumentar la inversión en actualizarnos y en adquirir nuevos y mejores conocimientos para poder ofrecer al mercado aquello que necesita y que, por lo tanto, paga. Así mismo, hemos de mejorar nuestro ratio recursospropios-beneficio obtenido, incrementando la eficiencia de nuestro esfuerzo, ampliando el abanico de opciones y estrategias. En definitiva hemos de invertir en educación y en I+D, no conozco otra forma. Y mejorar en educación no significa pagar más. El máster más caro no es necesariamente el mejor, puede abrir puertas pero cerrar mentes. Soy consciente de que vivimos en el paraíso del parcheado y aparentamos sin serlo. No nos auto-engañemos, seamos exigentes. Se ha de invertir en educación de probada eficacia. ¿Es el modelo americano (actual reforma de Bolonia)? No lo sé, lo que sí sé es que no podemos permitirnos muchos errores ya que la rectificación es excesivamente larga y costosa.
Alemania ha conseguido muchos de estos objetivos, ha mejorado su educación (basada en una larga tradición de prácticas en empresas y estancias en el extranjero), ha mejorado su productividad y su competitividad y ha constitucionalizado el límite de deuda y de déficit. Ahora pretende extender estas medidas al resto de la eurozona, y realmente espero que triunfe, es la única forma de que resquemores internos no interfieran; si lo dice Madrid es centralismo, si lo dice el PP es fascismo, si lo dice el Gobierno no es creíble pero si lo impone Angela Merkel, va a misa… realmente da que pensar.
¿Qué pasa con cajas y bancos?
Trataré de explicarlo de forma breve y sencilla.
El gobierno exige a las cajas y bancos españoles que se recapitalicen, es decir que aumenten la proporción de fondos propios (core capital) respecto al total de sus activos. Esta medida incrementaría la confianza en la solvencia financiera de nuestro país, lo cual, en estos momentos es una gran prioridad. La exigencia asciende a un 8% para los bancos y un 9% o 10% para las cajas que (1) no cotizan en bolsa (2) no tienen accionistas privados o (3) dependen en más de un 20% de los mercados mayoristas. Estos objetivos son, de forma intencionada, más altos que los exigidos en el acuerdo de Basilea III.
El ratio medio de capitalización de las cajas españolas está en el 8%, lo que implica que prácticamente ninguna caja alcanza el objetivo marcado. Probablemente la única solución que tengan la mayoría de ellas sea la de convertirse en banco y captar dinero privado.
La ministra Salgado informó que, tanto cajas como bancos, tenían de plazo hasta el próximo mes de septiembre para alcanzar dichos objetivos. En caso no lograrlo, el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) rescatará a la entidad entrando, de forma temporal por un periodo máximo de 5 años, como accionista con derechos políticos y presencia física en función de su participación.
En estos últimos meses hemos presenciado una reducción drástica del número de cajas, de 40 hemos pasado a 17 cajas a nivel nacional (Cataluña pasa de 10 a 3). Las fórmulas que han empleado han sido diversas, desde fusiones o adquisiciones a la nueva figura jurídica de Sistema Institucional de Protección (SIP o fusiones frías), que no es más que un holding financiero que permite operar a cada entidad con su propia marca. Un sistema diseñado en España para adaptarse a la particular naturaleza jurídica y la estrecha relación política que poseen las cajas con las autonomías.
Además de esta reestructuración que ha necesitado más de 11.000 millones de euros del FROB, los bancos y las cajas han tratado cubrir las pérdidas ocasionadas por la burbuja inmobiliaria cortando de forma drástica el crédito al resto de la economía. El saneamiento interno se calcula asciende a 92.000 millones de euros. Ya que nos han puteado como mínimo que haya servido para algo.
Estas medidas tienen como objetivo reestablecer la confianza de los mercados internacionales en nuestro sistema financiero. Pero sepamos qué opinan ellos:
1. El Financial Times considera excesivo el plazo hasta septiembre e insuficiente la cifra de 20.000 millones de euros (dada por el gobierno español) para rescatar a las entidades que no logren dichos objetivos.
2. El Banco de Inversión japonés Nomura, cifra este rescate en 43.000 y USB en 90.000 millones de euros. (Mientras solo sea eso).
3. La Agencia de calificación de riesgos Fitch duda de la existencia de estímulo suficiente para atraer capital privado dada la calidad de la deuda.
Bueno, no está mal. Eso sí, no puede faltar la autocrítica. El partido socialista no necesita a nadie externo para cuestionar su eficacia. Joaquín Almunia (comisario de la CE) se muestra igualmente receloso ante el optimismo del gobierno respecto a la cifra de 20.000 millones de euros. Después lo atribuye a una errónea interpretación de la prensa (otra vez).
Lo que no me parece ya tan innocuo son las voces que se alzan desde la periferia confiriendo a esta medida un doble carácter: financiero y político. Debido a la función de las cajas como instrumento financiero de las autonomías, las medidas están siendo percibidas como una fórmula de centralización del sistema financiero y una oportunidad perfecta para romper la baraja autonómica. Esto sí que suena a trompetas de guerra.
Nuevos Consultores
Gestorías y consultorías pierden clientes, principalmente pequeñas y medianas empresas que luchan por sobrevivir. Desde el inicio de la crisis, las Pymes sufren fuertes tensiones de tesorería que las ahogan y en ocasiones incluso las mata. Ya bien sea por el incremento de los impagados, por falta de financiación o por pérdida de competitividad y cuota de mercado, nuestro tejido empresarial no tiene capacidad de pago para asumir gastos innecesarios.
Seamos autocríticos; la mayoría de consultoras funcionan como hace 20 años. Se limitan a contabilizar de forma automática las facturas y a elaborar los impuestos sin aportar valor añadido, sin analizar de forma personalizada y profesional las necesidades y posibilidades de sus clientes. Es precisamente en tiempos de crisis cuando la función de este tipo de empresas debiera ser más necesaria. Nuestro tejido empresarial está repleto de pequeños emprendedores que han iniciado un proyecto con entusiasmo y con visión comercial pero con limitados conocimientos de gestión. Es precisamente este conocimiento el que “compran” a través de las cuotas mensuales que durante años transfieren a sus gestores. Soluciones eficientes a la falta de financiación, a la búsqueda de un nuevo modelo de negocio, a la ineficiente estructura patrimonial de la empresa. Aquellos elementos que inciden directamente en la generación de valor en la empresa.
Palabras como rentabilidad, rotación, apalancamiento, autofinanciación, capitalización, plan estratégico, son grandes desconocidas para muchos de nuestros empresarios, en cambio debieran ser íntimas amigas, confidentes que les susurrasen a través de los consultores el camino a seguir.
Ineptitud o desconocimiento
El Gobierno estadounidense se ratifica en su intento desesperado de reactivar la economía americana a través de un paquete de estímulos fiscales destinados a incentivar el consumo. Nada nuevo, nada imaginativo, una política llevada a cabo desde hace más de cien años por la mayoría los países desarrollados; el manido “remedio” keynesiano del sistema capitalista. Este sistema está basado en el crecimiento continuo de la economía potenciando el consumo. En sus inicios el capitalismo lo tuvo fácil, hasta ese momento sólo unos pocos tenían la posibilidad de acumular capital y consecuentemente de consumir, pero la llegada de la revolución industrial y el incremento del poder adquisitivo de la clase trabajadora incentivó el consumo y el bienestar social de forma continuada hasta aproximadamente la década de los sesenta. Una vez las familias llegaron al límite de su capacidad de ahorro el crédito fue el gran salvador. Conseguimos trampear primer escollo. A finales del siglo veinte la necesidad de crecer fue aún mayor, el crédito no era suficiente, entonces los mercados de capital y los nuevos instrumentos financieros lograron sortear el siguiente escollo. El crecimiento debía continuar, y cada vez queríamos más. Durante los últimos años “la creatividad financiera” alcanzó niveles insostenibles y descontrolados desembocando en la crisis que desde hace tres años nos ocupa.
La solución que encuentran los gobiernos para salir de esta crisis es obvia: incentivar el consumo. Pero hemos de entender que es imposible que las familias incrementen el consumo si no son capaces de reducir su deuda. No se trata de acertar con la política adecuada, no es una mera cuestión de ineptitud política, es aún peor, se trata de un total desconocimiento de la situación y del camino a seguir. Las reglas del juego han cambiado y están perdidos.
Con el tiempo el sistema económico, tal y como lo conocemos, morirá. Se crearán nuevas reglas en las que basar nuestra economía, nuevos retos y nuevas fórmulas para “trampear” los límites. Esperemos que el nuevo sistema económico y social incorpore conceptos como la sostenibilidad y la productividad en su estructura. Quién sabe, puede que esta crisis sea el comienzo de una gran… sociedad.
Hagamos que ocurra
La imagen que tienen los jóvenes universitarios de hoy en día, y los de siempre, acerca de su futuro laboral es, si no cómoda, muy acomodada. Hace unos días un estudiante de “telecos” a punto de acabar la carrera se lamentaba de la precariedad de las ofertas trabajo, al menos en España, y me explicaba las desgracias de un compañero de su promoción y cómo sólo le ofrecen trabajos poco cualificados y peor remunerados.
Reconozco las carencias de nuestro mercado laboral y principalmente en sectores con alto contenido tecnológico, pero debiéramos preguntarnos lo que un nuevo y popular concepto llamado “coaching” promulga: qué estamos haciendo mal o bien que debiéramos hacer para provocar que ocurra. La creencia de muchos jóvenes es que con la carrea, y probablemente algún máster, adquieren el derecho a un trabajo “decente” con tan solo torpedear sus CV (en muchos casos pobres, mal confeccionados y despersonalizados) de forma indiscriminada en Infojobs.
Se han parado a pensar estas jóvenes promesas qué es lo que quieren, en qué empresa o en qué sector quieren trabajar, cómo son éstas empresas, qué buscan o qué necesitan. Se han parado a pensar qué pueden ofrecer a dichas empresas, cómo pueden ser valiosos para ellas hoy o en un futuro próximo. ¿Han sabido aprovechar uno de sus activos más importantes a su alcance, los profesores universitarios, para algo más que para reclamar en algún examen? Me temo que no.
Mi respuesta no fue la que el estudiante esperaba. No apoyé sus críticas y lamentos. Le pregunté si había leído el diario de ésa mañana (no lo había hecho) donde un artículo comentaba la inminente expansión el sector de la energía eólica y la necesidad creciente de personal cualificado. Le animé a investigar cómo son y que necesitan las empresas en las que le gustaría trabajar. Podría, con la excusa del proyecto final de carrerea, concertar entrevistas con algún responsable en áreas de su interés y de esta forma generar algún contacto o como mínimo información valiosa para su búsqueda.
Seamos imaginativos, y sobre todo seamos proactivos y hagamos que ocurra. Si queremos llegar a Paris en coche lo más probable es que utilizamos un mapa y tracemos el recorrido. Por qué no hacemos algo tan sencillo para tomar una de las decisiones más relevantes en nuestro futuro.
La Esperada Reforma
Escándalos como Enron, WorldCom o el más reciente Caso Millet, Palau de la Música, nos llevan a debatir acerca del papel del “maquillaje” contable en ese afán empresarial de maximización de beneficios y búsqueda de notoriedad y poder. Se trata de un mal endémico, principalmente en nuestra amada cultura mediterránea, que perpetúa ineficiencias como la baja productividad y competitividad de nuestra masa empresarial y laboral.
La reforma laboral presentada por el actual gobierno español es una muestra inequívoca de otro formato de maquillaje, en esta ocasión político muy representativo de nuestro “savoir-faire”. Nuestros líderes se han hecho la siguiente pregunta: Cómo podemos calmar a Europa, contener a los sindicatos y salvar la cara frente al voto izquierdista? En lugar de plantearse las necesidades reales de un mercado laboral obsoleto, rígido e ineficiente. Es un avance tímido, que buscará en el trámite parlamentario el apoyo (y pago político) del resto de partidos políticos (si nos hundimos que sea en compañía).
La reforma ha de profundizar hasta la estructura de la negociación colectiva, el control judicial e incluso la formación de nuestra oferta de trabajo. Nuestro sistema adolece de una excesiva rigidez en su forma y resolución. Incentivar la creación de empleo debiera ser uno de los objetivos fundamentales de esta reforma. Reducir el contrato temporal a dos años en un país como el nuestro, donde la temporalidad de ciertos sectores económicos es estructural no va a favorecer este objetivo. El abaratamiento del despido, si bien una medida necesaria como paliativo a la reticencia empresarial a contratar, se ha diseñado para futuros contratos ralentizando un cambio que nos urge. Y finalmente la ambigüedad en la procedencia del despido que abarataría hasta 20 días el coste estará finalmente sujeta a la decisión judicial que, a la vista de la experiencia, resolverá con carácter generalizado como improcedentes.
Una pequeña brecha que ha de profundizar en su periplo parlamentario hacia reformas que ahonden en causas estructurales que flexibilicen y rompan tabúes tan obsoletos como dañinos en una cultura como la nuestra, en la que el trabajo es más un derecho que un deber.
Estímulos Económicos
La Fed lleva tratando de activar su economía desde 2008 a través de políticas de “Expansión Cuantitativa” (QE, en sus siglas en inglés). Estas políticas consisten en la inyección de liquidez (pura impresión de billetes), e introducirlos en el mercado a través de la emisión de bonos. ¿Qué se consigue con ello? Varias cosas:
1. Incrementar las expectativas de inflación: si los tipos de interés nominales están muy bajos, la única forma de bajar los tipos de interés reales es aumentando la expectativa de inflación, porque
Tipo interés nominal = Tipo interés real- inflación
2. Un menor tipo de interés incentiva la compra de bonos y provoca que los inversores se desprendan de ellos. A cambio compran activos de mayor riesgo (acciones, pagarés, etc.) aumentando así las cotizaciones en bolsa y por lo tanto la riqueza. Este aumento de riqueza aumenta el consumo y, de rebote, conseguimos reactivar la economía.
3. Por otro lado la reducción de los tipos de interés reducen el coste de financiación para empresas y familias, reactivando, también, el consumo y el crecimiento económico.
4. Por último, al bajar los tipos de interés de los depósitos en dólares, se reduce el incentivo a acumular moneda, incrementa la circulación de dólares y consecuentemente baja su precio. La presión a la baja del tipo de cambio, incrementa las exportaciones, y por ende, (de nuevo) reactiva la economía.
¿No os recuerda al billar francés? Carambola tras carambola…
La Fed lanzó la primera Expansión cuantitativa (QE1) a principios de 2010 (también se hizo otra en noviembre de 2008) inyectando 1,7 billones de dólares. Entre noviembre de 2010 y junio 2011 se llevó a cabo la segunda (QE2) de 600.000 millones de dólares.
Lo que se ha conseguido hasta la fecha es, efectivamente, incrementar las expectativas de inflación, apreciar la bolsa un 15% y depreciar el dólar un 10%. Pero, ¿qué pasa con el crecimiento económico o la creación de empleo?
En la reunión que se mantiene estos días, la Fed ha de decidir si abordar una QE3 (¿a la tercera va la vencida?). Pero dado que ni QE1, ni QE2 han servido para consolidar la recuperación, sino que sólo han servido para luchar contra las presiones deflacionistas (bajada de los precios), no parece que sea la herramienta más adecuada.
La llamada “Operación Twist” parece mucho más apropiada. Se trata de cambiar la cartera de deuda del estado, vendiendo deuda a corto plazo y comprando a largo. Es otra forma de reducir los tipos de interés y de este modo abaratar los costes de financiación de empresas y familias, y como ya hemos visto, reactivar la economía.
La tercera opción es la favorita del Banco de Inglaterra o del Banco Central Europeo. Marcar un objetivo explícito de inflación, y poner todas las medidas necesarias para conseguirlo. Esto rebajará los tipos reales de interés, rebajará el coste de financiación de empresas y familias, y reactivará la economía.
Como veis la base es siempre la misma: aumentar la financiación (más créditos, más endeudamiento) para, así, aumentar el consumo. Parece que no somos capaces de idear mecanismos más imaginativos para salir de la crisis. Utilizamos una y otra vez las mismas técnicas (obsoletas) que hace décadas y nos negamos a reconocer lo evidente: ESTO YA NO FUNCIONA.
Y, a todo esto, ¿qué pasa en Europa?
Algo muy similar, pero con el peligro de default (quiebra) del modelo europeo como telón de fondo. La solución que muchos apuntan, el presidente Obama entre otros, es la necesidad de una convergencia de las políticas fiscales y económicas en la zona euro. También se está reclamando la emisión de Eurobonos para financiar las deudas soberanas o la necesidad de un ministro fiscal comunitario, entre otras medidas paralelas. En definitiva, convertirnos en estados federados (como los Estados Unidos). No pretendo restar importancia a esta exigencia, considero, que para que el proyecto europeo tenga continuidad, es imprescindible. Pero Estados Unidos ya tiene resuelto este problema y aun así, las medidas no les sacan de la crisis.
Consigamos salvar el modelo Europeo, o no. Caiga Grecia, o no. Caiga Italia, o no (nos va a dar un buen susto, tiempo al tiempo). Y por supuesto, caiga España, o no. De la crisis no nos salva nadie si no cambiamos “el chip”. Señores, ha llegado el momento de “resetear”.