Cambio estructural: La reforma laboral

65322_10755_1Ya hemos hablado en artículos anteriores del contexto actual: crisis de los mercados financieros internacionales, crisis de la estabilidad del modelo europeo y crisis de la burbuja inmobiliaria española. Al margen de estas crisis, derivadas de la globalización y la euforia financiera, nuestro país tiene otro problema no menos importante y mucho más endémico, la crisis estructural;  la crisis de las instituciones y relaciones entre los agentes económicos y su desencaje con el ámbito económico global.

La globalización económica  es la consecuencia lógica e inevitable de la expansión capitalista no una decisión tomada de forma consciente y premeditada. En los últimos años ha explosionado a causa del avance tecnológico y de los nuevos flujos de comunicación e información,  posibilitando que la producción, distribución, intercambio y consumo se realice a escala mundial y en tiempo real. Pero este nuevo contexto ha creado fuertes tensiones debido a la heterogeneidad de las naciones e instituciones que lo conforman. Este contexto resalta la urgencia de modificar los modelos estructurales tradicionales y basados en una economía autárquica, de ajustarlos y adecuarlos al nuevo contexto internacional. Y la fórmula propuesta con insistencia desde diversos ámbitos, pasa por incrementar la productividad, competitividad, flexibilidad y la innovación.

Con independencia del contexto, debemos tomar consciencia de que, en España, gran parte del tejido productivo (personas y organizaciones) no dispone de las condiciones adecuadas para competir en los mercados. La ventaja competitiva, en la nueva economía global, ha de venir definida por un conjunto de factores como la inversión en conocimiento (intangibles), adecuado uso de las TIC y de los flujos de información, la formación en capital humano y la construcción de cimientos sólidos sobre lo que todo esto a de implantarse mediante reformas estructurales. Una de las reformas más esperada, junto a la financiera, es la del mercado laboral. Han de redefinirse las relaciones laborales dentro de las organizaciones y de las empresas con los organismos públicos e institucionales.

El gobierno ha dado el primer paso en esta dirección. A priori, y sin entrar a valorar si se trata de una reforma justa o no, ya que en gran parte esto dependerá de su eficacia a la hora de impulsar la contratación, es la primera vez que el cambio es estructural y de calado. La reforma va más allá de modificar el importe de la indemnización, los requisitos o los plazos, esta reforma cambia las reglas del juego entre trabajadores, empresarios, administración pública y órganos judiciales.

Uno de los puntos más importantes es que la reforma promueve, indirectamente, la negociación individual de las condiciones de trabajo. Al reducir el papel de la negociación colectiva, se facilita el que las partes -empresario y trabajador- pacten entre ellas condiciones y excepciones. Esto nos lleva a la un sistema meritocrático, donde las posiciones serán acordadas con base al mérito y a la capacidad individual o espíritu competitivo. Aquellos trabajadores con mayor cualificación, o con mayor poder de negociación, podrán elaborar contratos más extensos y regulados,  ya que dejarán de ser una cuasi adhesión al convenio sectorial y al Estatuto de los Trabajadores, para convertirse en el marco regulador de la relación laboral.

Esta nueva relación laboral nos recuerda a otra bien conocida, la que existe entre  la empresa y el trabajador autónomo. Parece incentivar las relaciones laborales basadas, no en la fuerza legislativa y proteccionista, sino en la colaboración y el beneficio mutuo, “te mantengo contratado porque te necesito y porque aportas valor a mi empresa, y no porque no me queda más remedio”. A la vez que desincentiva la permanencia de trabajadores en una empresa por el miedo de abandonar un trabajo fijo y una indemnización que ya se atribuye como propia, permitiendo una mejor asignación de recursos.

La base argumental de ésta reforma radica en la eficiente asignación de los recursos,  alojándolos allá dónde se necesitan y no dónde se han “enquistado”. Este nuevo marco relacional ha de permitir a las empresas, y sobre todo a las PYMES, adaptarse con más facilidad a los cambios de la demanda,  y de los mercados internacionales. ¿Cómo? Reenfocándose hacia los nuevos fundamentos del crecimiento, la formación, el conocimiento y la información, activos totalmente ligados a los recursos humanos, ahora mucho más flexibles y “rentables”.

Sobre el papel es fácil definir estrategias y realizar previsiones. Sobre el papel, esta reforma, con sus inconvenientes y sus deficiencias, parece encaminada a favorecer la productividad y flexibilidad necesarias para competir en el nuevo mundo global. Sobre el papel ésta es LA reforma. El papel todo lo soporta, veamos cómo lo soporta España.

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Lluvia de críticas a la Austeridad

2009-05-08-austeridadComo ya comenté en el pasado artículo, los planes de ajuste en los países europeos están orientados a rebajar la deuda sobre el Producto Interior Bruto. Ese es el plan. Situándonos en el supuesto de que es el camino correcto, hemos de tocar varios palos:

1.    El déficit, principal causante de la deuda, ha de bajar.
2.    Los intereses, que forman parte de la deuda, han de bajar.
3.    El crecimiento nominal (crecimiento real menos inflación) de la economía, generador de los recursos para pagar la deuda y para reducir el déficit, ha de subir.

Algunos dirigentes europeos, como Guy Verhofstadt, miembro del Parlamento Europeo y líder de los Demócratas Liberales de Europa, o como Erkky Tuomioja, ministro de relaciones exteriores finlandés, y otras voces acreditadas, como  Wolfgang Münchau, reconocido columnista del Financial Times, han levantado contundentes críticas a las medidas capitaneadas por la canciller Angela Merkel para la defensa y resurrección de la eurozona. Las críticas se centran fundamentalmente en el olvido del tercer punto. También critican la falta de unión política y fiscal y proponen medidas como la mutualización de la deuda (compartámosla como buenos hermanos) o el empleo de los fondos de rescate para incentivar el crecimiento.
A pesar del aliento que dichas críticas nos aportan, poner el punto de mira sólo en el crecimiento, olvidándonos de la austeridad, nos sacaría del fuego para caer en las brasas. La dificultad radica en la adecuada combinación de ambas variables; austeridad para reducir el déficit (vía reducción del gasto) y crecimiento para reducir el déficit y pagar la deuda (vía aumento de los ingresos).  Nadie dijo que fuese fácil.

¿Cómo combinarlas? Aquí me remito a un artículo que escribí hace algún tiempo en el que recordando a Keynes y Hayek debatía sobre gasto público… ¿sí o no? España, durante la época de esplendor, creció a tasas considerables por varios motivos. Uno de ellos fue precisamente la utilización de la rápida y eficaz herramienta del gasto público: carreteras, aeropuertos y grandes infraestructuras.  Otra fuente de crecimiento en los años de esplendor fue el masivo flujo de fondos desde el norte de Europa a los países periféricos. Este flujo se ha revertido en el último par de años, provocado una contracción monetaria sin precedentes. Bien, creo que en estos momentos no es adecuado recurrir al primero factor ya que esto endeudaría más las arcas públicas y nos alejaría de la solución combinada. Pero sí podemos recuperar el flujo de inversión exterior siempre que incrementemos nuestra credibilidad.

Esto se consigue, como todo, haciendo las cosas bien y generando confianza política y económica a los inversores. Es cierto que parte de esta credibilidad se basa en la puesta en marcha de medidas de ajuste fiscal (austeridad), pero los mercados están cada vez más preocupados por el crecimiento y menos por la deuda. Esto no significa que podamos soltarnos el cinturón. Hemos de ser capaces de conseguir, y de comunicar (casi más importante), que atacamos el problema por ambos frentes: me suelto el cinturón pero también me pongo a dieta. Para ello es necesario:

1.    Depurar el sistema de los excesos que le han conducido hasta aquí, como por ejemplo los derroches administrativos. Vamos a limpiar la paradita.
2.    Realizar cambios estructurales que incrementen nuestra productividad, competitividad y eficacia interna. Aumentando así la entrada de capital extranjero y las exportaciones. Todo a la espera de la recuperación de la demanda interna (previa condición  indispensable de reducción del paro).

El problema es que estas dos vías son efectivas en el largo plazo y siempre que se realicen bien. Pero considero que por mucho que el tiempo apremie, es hora de acabar con la España del parche.

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Medidas de Estreno

20080319010555-politica-fiscal-restrictivaLas recientes medidas del Gobierno, reducción del gasto público y aumento de los impuestos, se han venido a justificar por  (1) la “heredada” (¡adjetivo imprescindible!) situación del déficit público, (2) la obligación constitucional de consolidación fiscal, (3) la estabilidad de la zona euro y (4) la perspectiva negativa de crecimiento.

Eso sí, no hemos de preocuparnos porque el PP incumpla el contrato electoral de no subida impositiva ya que ha prometido que se trata de una medida temporal y que posteriormente este “agravio” será resarcido con creces (¡aleluya!).

Lo que llama la atención de las medidas es la elección de metas cortoplacistas. En mi opinión esta elección viene motivada por las presiones de Europa y de la prima de riesgo, más que por las necesidades internas de crecimiento y reducción de paro, a las que obviamente no hace ningún favor. El gobierno ha de ser consciente de que con este tipo de políticas- incremento de la imposición sobre las rentas del trabajo (IRPF) por encima de la media de la ODCE-  está por un lado, disminuyendo la productividad del factor trabajo, repercutiendo en el precio de éste (justo antes de la ansiada reforma del mercado laboral) y disminuyendo la productividad de las empresas. Una productividad que, como es bien sabido (ver “¿Seguro que crecemos?”), es un elemento clave para la incentivación del PIB a través de las exportaciones.
Por otro lado, el incremento impositivo en las rentas del trabajo, del capital y de la riqueza, reduce la capacidad de ahorro agregado, reduciendo el consumo y castigando la demanda interna aún más.

Tocados por los tres flancos

La reactivación de la demanda puede venir a través de tres vías:
1.    demanda interna pública
2.    demanda interna privada
3.    demanda externa

Haciendo un repaso de la situación vemos que, por un lado, el consumo privado, a raíz de crisis financiera mundial (falta de crédito) y de crisis española de la construcción, está prácticamente por los suelos. Por otro lado, la crisis de la deuda soberana y la crisis de estabilidad de la eurozona, han obligado al gobierno a reducir gasto público, imposibilitando el “relevo” al vacío dejado por el consumo privado. Y por último, la demanda externa, las exportaciones, está siendo torpedeada por “el flanco derecho” (permítanme la licencia política) con la excusa de que no les queda otra opción.

No hace falta ser una lumbrera para entender que de entre los dos mecanismos disponibles en una política fiscal restrictiva, disminución del gasto público o incremento de impuestos, se decide por la opción conjunta, el margen para la reactivación es prácticamente nulo.

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Enseñar a ser emprendedores: una visión crítica.

business-planHace unos días me entrevisté con una profesora de  Economía y Empresa de la Universidad Pompeu Fabra que estudia desde hace años las claves y los entresijos que se ocultan en el “arte” de crear empresas, en definitiva, de ser emprendedor.  A pesar su amplia experiencia en el ámbito docente,  aún hoy, considera un reto transmitir, inculcar y potenciar la actitud emprendedora  en la juventud universitaria. 
Desarrolla y defiende un modelo de negocio que trata de transmitir, a jóvenes de entre 18 y 20 años, competencias tan complejas como (1) trabajar en equipo, (2) desarrollar capacidades creativas para diseñar nuevos conceptos de negocio, (3) potencia habilidades para la búsqueda, reconocimiento y evaluación de oportunidades susceptibles de ser transformadas en negocios viables, (4) promover la búsqueda y uso adecuado de recursos, (5) ser sensible a los conflictos éticos que se derivan de la actividad empresarial, (6) desarrollar un entendimiento y compromiso de los valores personales y (7) promover una actitud crítica en el análisis de ideas, argumentos y puntos de vista . Sin duda se trata de un gran reto.
Estos valores y competencias están muy alejados del estereotipo que muchos tenemos acerca de lo que implica ser empresario. Formar emprendedores- denominación de moda que huye del erróneamente estigmatizado concepto de empresario – no se basa en dogmatizar a los jóvenes en la creencia que maximizar el beneficio del accionista es el paradigma del objetivo empresarial.  Formar buenos empresarios empieza por formar buenas personas; personas con los valores, capacidades, actitudes y aptitudes necesarias para tejer una fuerza humana eficiente, solidaria con el entorno y con proyección hacia el futuro.
Posiblemente la universidad no sea el lugar más idóneo para iniciar este proceso educativo. Estos jóvenes han de aprender estos valores desde el inicio;  la semilla ha de venir incorporada, para que una vez en la universidad, aquellos que lo deseen, puedan acabar de adquirir las herramientas empresariales necesarias. Y todos aquellos que no lo deseen, dispondrán de conocimientos y habilidades útiles en cualquier ámbito de la vida. 
El Departamento de Enseñanza de la Generalitat catalana, con mayor o menor acierto (esto está aún por ver),  ha propuesto inculcar la mentalidad empresarial y fomentar la expendeduría entre el alumnado de los centros públicos catalanes, introduciendo conceptos económicos básicos en las etapas de educación Infantil y Primaria.  Tratarán de ofrecer las herramientas adecuadas (1) creando una asignatura optativa de Orientación profesional e iniciativa emprendedora en cuarto de ESO, (2) haciendo obligatoria la de Empresa e iniciativa emprendedora en todas las enseñanzas profesionales y (3) facilitando la puesta en práctica de los conocimientos adquiridos en toda la secundaria postobligatoria.
Dentro del proyecto global se destaca un plan piloto para conceder microcréditos a estudiantes de Formación Profesional para que creen sus propias empresas y premiar las mejores. Todo muy americano. Pero bien, hemos de reconocer que los americanos son los mejores a la hora de ofrecer oportunidades a las jóvenes promesas.  Un joven americano de 16 años es capaz de llegar a un acuerdo con una universidad para colaborar en la puesta en marcha de su proyecto empresarial. En España esto es impensable, primero le hacemos acabar una carrera, probablemente un también un máster, y luego puede que aceptemos escuchar sus ideas…
Esta iniciativa de la Generalitat ha levantado enormes críticas dentro del sector de la docencia. No les falta razón en temer que si este proyecto no se implanta de forma adecuada, la enseñanza de las competencias básicas, es decir los fundamentos sobre los cuales se asentará la formación posterior -  función principal de la escuela primaria – puede resentirse. Escuchar a Irene Rigau, la “Consellera de Ensenyament”, puede, sin duda, alimentar estos temores.  En una comparecencia pública, remarcó la importancia de introducir “la enseñanza de las habilidades emprendedoras” en todos estos niveles, argumentando que “si un alumno de 3 a 6 años tiene un taller de empresa, si en primaria puede crear una cooperativa en la aula, si sabe diseñar un producto y presentarlo al mercado, si visita empresas y recibe gente del mundo de la empresa que le explica cómo se han transformado en acciones las grandes ideas, en secundaria sistematiza los conocimientos y la Formación Profesional se prepara para ser protagonista de su formación y de su futuro “. Estos casos están excesivamente orientados al mundo empresarial, y demasiado alejados de los fundamentos básicos para fomentar valores y aptitudes creativas. Hemos de ir con cuidado.
De todas formas, ambas posturas no son irreconciliables, el objetivo, general, marcado para la educación Infantil y Primaria, es que los alumnos conozcan algunos conceptos económicos básicos, que entiendan las relaciones entre los diferentes agentes sociales y se den cuenta de la importancia de  su formación. Será en el último curso de Educación Secundaria Obligatoria dónde se  pretende conseguir que los jóvenes desarrollen los valores de la perseverancia, la creatividad y la confianza en uno mismo; descubran sus habilidades e intereses; conozcan los riesgos de abandonar los estudios, y comprendan la relación entre economía y empresa, además del funcionamiento del mercado entre países en un mundo globalizado. No le falta ambición.
Esperemos que esta iniciativa no resulte un intento fallido de incentivar la actitud emprendedora con valores de alta cualidad, y acabemos con un “boom” de simples oportunistas vacios de contenido.

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¿Seguro que crecemos?

Grafico_PIB_2012

El PIB generado por la economía española en el tercer trimestre de 2011 ha registrado un crecimiento del 0,8. Así, la economía española estabiliza su crecimiento interanual, en el que las exportaciones como impulsador del sector industrial, continúa siendo el principal motor de crecimiento. Así reza la más reciente nota de prensa del Instituto Nacional de Estadística (INE). Pero, ¿seguiremos así por mucho más tiempo?

Variación anual
Trimestres     2011TII    2011TI    2010TIV     2010TIII     2010TII
PIB                        0,6            1,1              0,6                0               0,2
Agricultura         -0,1            0,2             0,2                -3               -1,8
Energia                  0,8            3,2              6,3               4,5             0,9
Industria               3,5            3,8              1,2                1,3              2,5
Construcción       -3,3           -5,8            -5,3              -7,1             -6,4
Servicios               1                 1,2               1                  0,7            0,5

Fuente: INE 

Si observamos los datos que el mismo INE nos ofrece, las perspectivas no parecen demasiado alentadoras. El aspecto más positivo es que la economía española, con un crecimiento históricamente anclado en la construcción, es capaz de remontar el vuelo a pesar de la pésima situación en la que este sector se encuentra y de las pocas perspectivas de mejora en el corto y medio plazo.

El aspecto, si bien no negativo (todavía), pero sí preocupante, es que la demanda interna sigue siendo insuficiente para empujar nuestro crecimiento. Es la demanda externa, las exportaciones, las que echan carbón en la caldera. En el segundo trimestre de 2011 el sector energético está disminuyendo de forma considerable, la agricultura y la construcción están en retroceso, y la industria ya ha empezado a rebajar sus expectativas alcistas. Dependemos del buen funcionamiento y del dinamismo de los países de la Unión Europea, que representan más del 65% de nuestras exportaciones, para conseguir el “anhelado” combustible. ¿Cómo nos van a afectar, entonces los recientes recortes y la desaceleración de sus economías? No de forma muy positiva, evidentemente.

Según los últimos datos del INE, la Unión Europea en su conjunto ha atenuado su crecimiento interanual, pasando del 1,7% al 1,4%. Este comportamiento de menor crecimiento, se apreció de forma común en las principales economías europeas, con la excepción de Francia, que mantuvo su crecimiento en el 1,6%. Así, Alemania redujo tres décimas y Reino Unido una décima su crecimiento interanual, entre otros. El tándem “Merkozy”, totalmente entregado a salvar Europa de la crisis de la deuda, necesita enfriar el ambiente. Las implicaciones directas para España son una disminución de las exportaciones, un menor crecimiento, menos empleo, menos ingresos, más gastos y probablemente, a pesar de los recortes, más deuda.

Como reza el dicho, “Salimos del fuego para caer en las brasas”. Es verdad que hace unos años dependíamos del ladrillo, pero es que ahora dependemos de nuestros vecinos. ¡Oh, Santa Globalización!

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¿Quién teme al lobo feroz?

lobo ferozMerkel ya tiene un plan para rescatar al euro “de una vez por todas”: los bancos centrales nacionales europeos, que operan bajo el paraguas del BCE, podrían prestar hasta 200.000 millones de euros al FMI para que sean canalizados hacia los países en problemas y luchar contra la crisis de deuda.
Otros, en cambio, reclaman de forma insistente, la creación de los llamados Eurobonos. Pero la canciller alemana, Angela Merkel, se aferra a su negativa. “Quien pida su emisión (la de los eurobonos) para hacer frente a la crisis de la deuda europea es porque no ha entendido la crisis”.
El camino que la canciller está tomando parece ser mucho más largo y complejo que un mero rescate económico. Las condiciones que el BCE reclama para atender las insistentes peticiones de compra de deuda soberana, se acercan mucho más a la “solución definitiva” que todos esperamos. Parece ser que el BCE estaría dispuesto a comprar deuda siempre que se hayan sentado antes las bases de una integración institucional que recobre la competitividad de los periféricos.
Las implicaciones de una “integración institucional” no son triviales.
Durante años hemos vivido bajo el cobijo de la una casa hecha de paja, y tal como ocurre en la fábula de “Los Tres Cerditos”, el lobo la está a punto de derrumbarla. Continuar creyendo que la Unión Europea puede ser construida bajo el único amparo de una unión monetaria, es aún más naif que creer en cuentos de hadas. Tenemos dos opciones: construir cimientos sólidos sin dejar que la frágil estructura actual se derrumbe, o permitir que la casa se caiga. Esta última opción nos dejaría a merced del lobo, indefensos ante un mundo cada vez más voraz.

Tengo la impresión de que muchos de los autores de este cuento son conscientes de este peligro. Merkel comentó recientemente que no hemos de esperar una solución repentina a la crisis. Se trata de un “proceso que durará años” y que requiere “cambios en los tratados europeos” para que haya normas vinculantes en el manejo de los presupuestos públicos.

De nuevo dos palabras con enorme carga significativa: “normas vinculantes”. Con un solo adjetivo hacemos referencia a la pérdida de soberanía de los países integrantes de la unión, en aras de un gobierno o pseudo-gobierno comunitario. Un gobierno que respalde las decisiones de forma integral y que sancione de forma automática cualquier desviación.

Nadie quiere hablar de ello abiertamente, nadie quiere admitir que ese es el argumento. Pero la decisión ya está tomada, la tomamos hace años cuando fuimos lo suficientemente ingenuos para pensar que una unión monetaria sería suficiente. El cuento ha durado unos años, pero tras el “vivieron felices y comieron perdices”, una historia muy diferente está a punto de empezar.

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¿Restricción o expansión del gasto público?

monedaEste es el dilema que atenaza a los dirigentes de occidente desde que se desató la crisis. Este dilema, sin embargo, no es nuevo. Ya desde los inicios del capitalismo, esta cuestión ha sido motivo de inquietantes debates y luchas  tanto políticas, como teóricas.  ¿Por qué es tan difícil encontrar respuesta?
Si recurrimos a las principales teorías del capitalismo encontramos dos líneas contrapuestas: Hayek y Keyne. La batalla que estos dos grandes economistas lidiaron en su época sigue hoy más vigente que nunca.
Keynes defendía que el sector privado, aunque prominente, debería estar permanente estabilizado y regulado por un sector público centralizador. Esto implica la existencia de un estado fuerte, y capaz de corregir sus ineficiencias. Hayek, por el contrario, confiaba plenamente en el papel auto-regulador del mercado, un sistema en el que el estado apenas tenía cabida.
Los seguidores de Hayek creen que la crisis ha surgido a causa de un exceso de inversión con respecto a una deficiencia en la oferta de ahorro. Para cubrir esa deficiencia, los bancos conceden créditos a tipos de interés muy bajos, tan bajos que cualquier inversión resulta rentable. Es entonces cuando la espiral del “más y más, y cada vez más” comienza, y nos empuja con fuerza hacia un consumismo desmesurado. Es al aterrizar cuando nos damos cuenta de que no es real, de que realmente no hay suficiente dinero (ahorro) para cubrir los proyectos de inversión creados. Cunde el pánico y el resto… desgraciadamente aún no es historia.
Solución: reducir el consumo (e incrementar el ahorro)
Por el contrario los “keynesianos” consideran que la causa de la crisis tiene su raíz en la situación opuesta; un exceso de ahorro que no encuentra inversión. La falta de consumo provoca que la inversión sea insuficiente para absorber todo nuestro ahorro, es decir, el dinero se encuentra desocupado (curioso ¿no?).
El ahorro consiste en que no gastamos todos nuestros ingresos. Por lo tanto, significa una demanda insuficiente de la producción comercial y una acumulación no deseada de inventarios, lo que los economistas llaman saturación general. Esta situación lleva a las empresas a disminuir la producción y el empleo. Esto a su vez reduce los ingresos y el ahorro de las personas.  La caída de los ingresos pone fin a exceso de ahorro y de esta forma se vuelve al equilibrio; inversión igual a ahorro. Se trata de la clásica relación de oferta y demanda de dinero.  El problema es que en lugar de ajustarse el precio (el tipo de interés), es la recesión la que nos devuelve al equilibrio.
Solución: aumentar el consumo (reducir el ahorro)
La cuestión es que estamos hablando de consumo y ahorro público. Y el ahorro público ha sido totalmente utilizado para rescatar al sistema financiero. Hemos evitado la crisis bancaria para entrar en la crisis de “deuda soberana”. Podemos caer en la tentación de culpar a los bancos que, durante los años de bonanza acumularon el exceso de ahorro, y que ahora, en época de vacas flacas, esquivan la quiebra a nuestras expensas. Pero culparles, desgraciadamente, no va a solucionar nada. Podemos (y debemos) exigirles responsabilidades, podemos (y debemos) corregir ineficiencias, pero la realidad es que nos hemos quedado sin ahorro que gastar.
Podríamos aumentar impuestos, pero de esta forma arreglamos el consumo público destrozando el privado; sólo cambiamos cromos.
Dudo que sepamos realmente cuál  ha sido la causa de la crisis, y mucho menos cuál es la solución. Lo que sí parece lógico, haciendo caso a nuestros instintos más básicos, es que después de un exceso hemos de apretarnos el cinturón. También parece lógico que la espiral de consumo en la que estábamos sumidos, haya llegado a su fin (nada dura eternamente).  Ésta ha debido ser la conclusión a la que han llegado muchos de nuestros dirigentes para sacarnos del agujero. Desde luego parece que es la conclusión a la que ha llegado CIU en Cataluña. Tan sólo espero que en su empeño, no nos dejen morir de inanición.

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Estímulos Económicos

resetBen Bernanke, presidente de la Reserva Federal (Fed), ha anunciado que se tomarán nuevas medidas para  “estimular” la economía estadounidense. El objetivo es lograr, por fin, activar el crecimiento económico y la creación de empleo. ¿Cómo pretende hacerlo? Pues bien, he de deciros que tratar de entender estos mecanismos puede ser complejo, pero, sin duda, nos ayuda a comprender que la ley de causa-efecto, en la economía, es pura carambola.

La Fed lleva tratando de activar su economía desde 2008 a través de políticas de “Expansión Cuantitativa” (QE, en sus siglas en inglés). Estas políticas consisten en la inyección de liquidez (pura impresión de billetes), e introducirlos en el mercado a través de la emisión de bonos. ¿Qué se consigue con ello? Varias cosas:

1.    Incrementar las expectativas de inflación: si los tipos de interés nominales están muy bajos, la única forma de bajar los tipos de interés reales es aumentando la expectativa de inflación, porque
Tipo interés nominal = Tipo interés real- inflación

2.    Un menor tipo de interés incentiva la compra de bonos y provoca que los inversores se desprendan de ellos. A cambio compran activos de mayor riesgo (acciones, pagarés, etc.) aumentando así las cotizaciones en bolsa y por lo tanto la riqueza. Este aumento de riqueza aumenta el consumo y, de rebote, conseguimos reactivar la economía.

3.    Por otro lado la reducción de los tipos de interés reducen el coste de financiación para empresas y familias, reactivando, también, el consumo y el crecimiento económico.

4.    Por último, al bajar los tipos de interés de los depósitos en dólares, se reduce el incentivo a acumular moneda, incrementa la circulación de dólares y consecuentemente baja su precio. La presión a la baja del tipo de cambio, incrementa las exportaciones, y por ende, (de nuevo) reactiva la economía.

¿No os recuerda al billar francés? Carambola tras carambola…

La Fed lanzó la primera Expansión cuantitativa (QE1) a principios de 2010 (también se hizo otra en noviembre de 2008) inyectando 1,7 billones de dólares. Entre noviembre de 2010 y junio 2011 se llevó a cabo la segunda (QE2) de 600.000 millones de dólares.

Lo que se ha conseguido hasta la fecha es, efectivamente, incrementar las expectativas de inflación, apreciar la bolsa un 15% y depreciar el dólar un 10%. Pero, ¿qué pasa con el crecimiento económico o la creación de empleo?

En la reunión que se mantiene estos días, la Fed ha de decidir si abordar una QE3 (¿a la tercera va la vencida?). Pero dado que ni QE1, ni QE2 han servido para consolidar la recuperación, sino que sólo han servido para luchar contra las presiones deflacionistas (bajada de los precios), no parece que sea la herramienta más adecuada.

La llamada “Operación Twist” parece mucho más apropiada. Se trata de cambiar la cartera de deuda del estado, vendiendo deuda a corto plazo y comprando a largo. Es otra forma de reducir los tipos de interés y de este modo abaratar los costes de financiación de empresas y familias, y como ya hemos visto, reactivar la economía.

La tercera opción es la favorita del Banco de Inglaterra o del Banco Central Europeo. Marcar un objetivo explícito de inflación, y poner todas las medidas necesarias para conseguirlo. Esto rebajará los tipos reales de interés, rebajará el coste de financiación de empresas y familias, y reactivará la economía.

Como veis la base es siempre la misma: aumentar la financiación (más créditos, más endeudamiento) para, así, aumentar el consumo. Parece que no somos capaces de idear mecanismos más imaginativos para salir de la crisis. Utilizamos una y otra vez las mismas técnicas (obsoletas) que hace décadas y nos negamos a reconocer lo evidente: ESTO YA NO FUNCIONA.

Y, a todo esto, ¿qué pasa en Europa?

Algo muy similar, pero con el peligro de default (quiebra) del modelo europeo como telón de fondo. La solución que muchos apuntan, el presidente Obama entre otros, es la necesidad de una convergencia de las políticas fiscales y económicas en la zona euro. También se está reclamando la emisión de Eurobonos para financiar las deudas soberanas o la necesidad de un ministro fiscal comunitario, entre otras medidas paralelas. En definitiva, convertirnos en estados federados (como los Estados Unidos). No pretendo restar importancia a esta exigencia, considero, que para que el proyecto europeo tenga continuidad, es imprescindible. Pero Estados Unidos ya tiene resuelto este problema y aun así, las medidas no les sacan de la crisis.

Consigamos salvar el modelo Europeo, o no. Caiga Grecia, o no. Caiga Italia, o no (nos va a dar un buen susto, tiempo al tiempo). Y por supuesto, caiga España, o no. De la crisis no nos salva nadie si no cambiamos “el chip”. Señores, ha llegado el momento de “resetear”.

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Referendum sí o no

mascarasAyer participé en un debate acerca de la necesidad de someter a referéndum la modificación exprés de nuestra constitución. Este tema ha levantado ampollas, por diferentes motivos, pero creo muchas veces se  ha sacado de contexto. El debate en cuestión se centraba en la falta de conocimiento de la gente para poder decidir acerca de una cuestión tan técnica como el límite al déficit estructural del país. Existen otras susceptibilidades mucho más controvertidas a las que no hago referencia en este artículo.
Horas más tarde escuché de boca de un tertuliano de “Els matins de TV3” que <<… si bien todos tenemos los mismos derechos, no todos tenemos los mismos conocimientos…>>. Dicho tertuliano cuestionaba de este modo la idoneidad de que este tema en particular fuese refrendado.
Mi intención es la de arrojar un poco de luz a estos conceptos tan complejos.
Qué es el déficit estructural, porqué debería limitarse y si debe hacerse, por qué dentro de la constitución. Empecemos por partes:
1.    El déficit es la diferencia entre gastos e ingresos. Equivalente a las pérdidas en una empresa. Es evidente que estas pérdidas han de ser financiadas, y en el caso de un país el déficit se cubre con financiación extranjera e inversores a través de deuda.
2.    Déficit estructural es el que existe incluso cuando la economía está en su mejor momento. Un país puede considerar necesario endeudarse (gastar hoy ingresos de mañana) en momentos de recesión para hacer frente al desempleo y otras prestaciones sociales. Pero si el endeudamiento es mayor, si excede estas necesidades, entramos en déficit estructural. Estamos endeudándonos sin generar capacidad futura para cubrir esta deuda.
3.    ¿Es necesario limitarlo? El déficit estructural es el reflejo de ineficiencias estructurales, que otros, ya que nosotros no podemos, tendrán que pagar. ¿Hasta qué punto los países acreedores, los que nos han prestado el dinero, han de seguir financiando nuestro mala gestión, o en el peor de los escenarios, nuestra fiesta?
4.    Ha de incluirse en la constitución. Desde Europa se nos exige rigor y Angela Merkel cree firmemente en la necesidad de constitucionalizar el límite de la deuda y el déficit, como ya comenté en otro artículo anterior, para salvar la zona euro, últimamente en grave peligro.
La suspicacia surge cuando uno analiza con detalle las condiciones del límite y comprende que además de establecer la el importe fuera del marco constitucional, el margen de maniobra es tan amplio que probablemente no sea más que otra elaborada puesta en escena para un público europeo temeroso de que la obra sea todo un fracaso.

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Solución

1245095872K5rx53Mi último artículo ha despertado la opinión de algunos amigos “controvertidos”. En particular uno de ellos me envió un mail con la solución (parcial) al problema. Digo parcial porque entiendo que no pretende ser la fórmula mágica que solucione toda la situación en la que nos encontramos:

“Pues muy fácil, la globalización, ha sido el mejor movimiento de izquierdas de la historia, repartiendo la riqueza de occidente al resto del mundo, un “resto del mundo” que no tiene prácticamente aparato del estado, ni gastos sociales (India y china). Para competir con ellos (India y china también invierten I +D), solo queda un camino, rebajar el grosor del estado, para poder bajar impuestos y poder competir con ellos. Si a esta situación le sumas que en occidente no quedan materias primas (en una crisis tradicional bajaban al no consumir EEUU y Europa), pero ahora existen India y China por lo que los países productores de petróleo pueden mantener e incluso subir precios produciendo una descapitalización de occidente y si a ello sumas, que se han dado cuenta que con ese dinerito nos pueden comprar deuda aumentando nuestra dependencia de ellos, solo queda un camino…

Adelgazamiento del estado, bajada de impuestos, hasta llegar al déficit cero, mentalizando a la población, que o aumentamos nuestra competitividad hasta equilibrar la balanza…”

Coincido en (casi todo) el análisis de la situación global. Entiendo que existen otros factores que interaccionan en este escenario, pero resume y simplifica el hecho de que las potencias emergentes, principalmente China  tradicionalmente con papeles secundarios, ahora nos tienen pillados por… la deuda. Durante años les hemos abierto nuestras puertas, les hemos dejado instalarse en nuestro ADN económico y crecer de forma “poco normalizada” dando lugar a un competidor “desleal” contra el que no es posible competir dado nuestro estado del bienestar.

Adelgazar el estado como solución. Bien, no estoy en contra de adelgazar, el exceso de grasa no es ni sano ni necesario. Pero considero que hemos de adelgazar TODOS.

Todos hemos de perder grasa, no solo el Estado. Es cierto que hemos de eliminar la duplicidad de competencias, el exceso de funcionarios, el gasto incoherente en infraestructuras públicas, como por ejemplo el AVE Madrid Cuenca, con 9 pasajeros de media o los 130 millones invertidos en un circuito urbano de Valencia, teniendo el circuito de  Cheste a tan solo 30 kilómetros (Valencia, segunda en el ranking de la deuda autonómica), por poner sólo dos ejemplos recientes de incoherencias millonarias.

Precisamente este amigo me envió el artículo en el que Rafael Rubio (vale la pena leerlo) en el que enumera 10 verdades sobre la crisis que debemos aceptar. Expongo únicamente tres:
•    El esfuerzo debe incluir a todos.
•    Debemos recuperar la responsabilidad y el espíritu competitivo
•    Los salarios reales van a bajar.

Adelgazar el estado y bajar impuestos como único remedio para aumentar la competitividad, es totalmente insuficiente. El esfuerzo ha de ser colectivo. El problema es saber cómo. Todos coinciden en la solución global, pero cómo se ha de implementar teniendo en cuenta a todos los agentes sociales, agentes económicos, agentes financieros, instituciones autonómicas, instituciones e intereses europeos, mercados internacionales…

En una cosa he de darle toda la razón a este amigo; me recuerda que las crisis se han resuelto históricamente mediante guerras, como el caso de la Segunda Guerra Mundial. Igual que cuando se cuelga el ordenador, cuando los países se “cuelgan” tenemos que “resetear”. La pregunta es: ¿cuál será el “reset” en esta ocasión?

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