Cambio estructural: La reforma laboral

65322_10755_1Ya hemos hablado en artículos anteriores del contexto actual: crisis de los mercados financieros internacionales, crisis de la estabilidad del modelo europeo y crisis de la burbuja inmobiliaria española. Al margen de estas crisis, derivadas de la globalización y la euforia financiera, nuestro país tiene otro problema no menos importante y mucho más endémico, la crisis estructural;  la crisis de las instituciones y relaciones entre los agentes económicos y su desencaje con el ámbito económico global.

La globalización económica  es la consecuencia lógica e inevitable de la expansión capitalista no una decisión tomada de forma consciente y premeditada. En los últimos años ha explosionado a causa del avance tecnológico y de los nuevos flujos de comunicación e información,  posibilitando que la producción, distribución, intercambio y consumo se realice a escala mundial y en tiempo real. Pero este nuevo contexto ha creado fuertes tensiones debido a la heterogeneidad de las naciones e instituciones que lo conforman. Este contexto resalta la urgencia de modificar los modelos estructurales tradicionales y basados en una economía autárquica, de ajustarlos y adecuarlos al nuevo contexto internacional. Y la fórmula propuesta con insistencia desde diversos ámbitos, pasa por incrementar la productividad, competitividad, flexibilidad y la innovación.

Con independencia del contexto, debemos tomar consciencia de que, en España, gran parte del tejido productivo (personas y organizaciones) no dispone de las condiciones adecuadas para competir en los mercados. La ventaja competitiva, en la nueva economía global, ha de venir definida por un conjunto de factores como la inversión en conocimiento (intangibles), adecuado uso de las TIC y de los flujos de información, la formación en capital humano y la construcción de cimientos sólidos sobre lo que todo esto a de implantarse mediante reformas estructurales. Una de las reformas más esperada, junto a la financiera, es la del mercado laboral. Han de redefinirse las relaciones laborales dentro de las organizaciones y de las empresas con los organismos públicos e institucionales.

El gobierno ha dado el primer paso en esta dirección. A priori, y sin entrar a valorar si se trata de una reforma justa o no, ya que en gran parte esto dependerá de su eficacia a la hora de impulsar la contratación, es la primera vez que el cambio es estructural y de calado. La reforma va más allá de modificar el importe de la indemnización, los requisitos o los plazos, esta reforma cambia las reglas del juego entre trabajadores, empresarios, administración pública y órganos judiciales.

Uno de los puntos más importantes es que la reforma promueve, indirectamente, la negociación individual de las condiciones de trabajo. Al reducir el papel de la negociación colectiva, se facilita el que las partes -empresario y trabajador- pacten entre ellas condiciones y excepciones. Esto nos lleva a la un sistema meritocrático, donde las posiciones serán acordadas con base al mérito y a la capacidad individual o espíritu competitivo. Aquellos trabajadores con mayor cualificación, o con mayor poder de negociación, podrán elaborar contratos más extensos y regulados,  ya que dejarán de ser una cuasi adhesión al convenio sectorial y al Estatuto de los Trabajadores, para convertirse en el marco regulador de la relación laboral.

Esta nueva relación laboral nos recuerda a otra bien conocida, la que existe entre  la empresa y el trabajador autónomo. Parece incentivar las relaciones laborales basadas, no en la fuerza legislativa y proteccionista, sino en la colaboración y el beneficio mutuo, “te mantengo contratado porque te necesito y porque aportas valor a mi empresa, y no porque no me queda más remedio”. A la vez que desincentiva la permanencia de trabajadores en una empresa por el miedo de abandonar un trabajo fijo y una indemnización que ya se atribuye como propia, permitiendo una mejor asignación de recursos.

La base argumental de ésta reforma radica en la eficiente asignación de los recursos,  alojándolos allá dónde se necesitan y no dónde se han “enquistado”. Este nuevo marco relacional ha de permitir a las empresas, y sobre todo a las PYMES, adaptarse con más facilidad a los cambios de la demanda,  y de los mercados internacionales. ¿Cómo? Reenfocándose hacia los nuevos fundamentos del crecimiento, la formación, el conocimiento y la información, activos totalmente ligados a los recursos humanos, ahora mucho más flexibles y “rentables”.

Sobre el papel es fácil definir estrategias y realizar previsiones. Sobre el papel, esta reforma, con sus inconvenientes y sus deficiencias, parece encaminada a favorecer la productividad y flexibilidad necesarias para competir en el nuevo mundo global. Sobre el papel ésta es LA reforma. El papel todo lo soporta, veamos cómo lo soporta España.

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