Enseñar a ser emprendedores: una visión crítica.

business-planHace unos días me entrevisté con una profesora de  Economía y Empresa de la Universidad Pompeu Fabra que estudia desde hace años las claves y los entresijos que se ocultan en el “arte” de crear empresas, en definitiva, de ser emprendedor.  A pesar su amplia experiencia en el ámbito docente,  aún hoy, considera un reto transmitir, inculcar y potenciar la actitud emprendedora  en la juventud universitaria. 
Desarrolla y defiende un modelo de negocio que trata de transmitir, a jóvenes de entre 18 y 20 años, competencias tan complejas como (1) trabajar en equipo, (2) desarrollar capacidades creativas para diseñar nuevos conceptos de negocio, (3) potencia habilidades para la búsqueda, reconocimiento y evaluación de oportunidades susceptibles de ser transformadas en negocios viables, (4) promover la búsqueda y uso adecuado de recursos, (5) ser sensible a los conflictos éticos que se derivan de la actividad empresarial, (6) desarrollar un entendimiento y compromiso de los valores personales y (7) promover una actitud crítica en el análisis de ideas, argumentos y puntos de vista . Sin duda se trata de un gran reto.
Estos valores y competencias están muy alejados del estereotipo que muchos tenemos acerca de lo que implica ser empresario. Formar emprendedores- denominación de moda que huye del erróneamente estigmatizado concepto de empresario – no se basa en dogmatizar a los jóvenes en la creencia que maximizar el beneficio del accionista es el paradigma del objetivo empresarial.  Formar buenos empresarios empieza por formar buenas personas; personas con los valores, capacidades, actitudes y aptitudes necesarias para tejer una fuerza humana eficiente, solidaria con el entorno y con proyección hacia el futuro.
Posiblemente la universidad no sea el lugar más idóneo para iniciar este proceso educativo. Estos jóvenes han de aprender estos valores desde el inicio;  la semilla ha de venir incorporada, para que una vez en la universidad, aquellos que lo deseen, puedan acabar de adquirir las herramientas empresariales necesarias. Y todos aquellos que no lo deseen, dispondrán de conocimientos y habilidades útiles en cualquier ámbito de la vida. 
El Departamento de Enseñanza de la Generalitat catalana, con mayor o menor acierto (esto está aún por ver),  ha propuesto inculcar la mentalidad empresarial y fomentar la expendeduría entre el alumnado de los centros públicos catalanes, introduciendo conceptos económicos básicos en las etapas de educación Infantil y Primaria.  Tratarán de ofrecer las herramientas adecuadas (1) creando una asignatura optativa de Orientación profesional e iniciativa emprendedora en cuarto de ESO, (2) haciendo obligatoria la de Empresa e iniciativa emprendedora en todas las enseñanzas profesionales y (3) facilitando la puesta en práctica de los conocimientos adquiridos en toda la secundaria postobligatoria.
Dentro del proyecto global se destaca un plan piloto para conceder microcréditos a estudiantes de Formación Profesional para que creen sus propias empresas y premiar las mejores. Todo muy americano. Pero bien, hemos de reconocer que los americanos son los mejores a la hora de ofrecer oportunidades a las jóvenes promesas.  Un joven americano de 16 años es capaz de llegar a un acuerdo con una universidad para colaborar en la puesta en marcha de su proyecto empresarial. En España esto es impensable, primero le hacemos acabar una carrera, probablemente un también un máster, y luego puede que aceptemos escuchar sus ideas…
Esta iniciativa de la Generalitat ha levantado enormes críticas dentro del sector de la docencia. No les falta razón en temer que si este proyecto no se implanta de forma adecuada, la enseñanza de las competencias básicas, es decir los fundamentos sobre los cuales se asentará la formación posterior -  función principal de la escuela primaria – puede resentirse. Escuchar a Irene Rigau, la “Consellera de Ensenyament”, puede, sin duda, alimentar estos temores.  En una comparecencia pública, remarcó la importancia de introducir “la enseñanza de las habilidades emprendedoras” en todos estos niveles, argumentando que “si un alumno de 3 a 6 años tiene un taller de empresa, si en primaria puede crear una cooperativa en la aula, si sabe diseñar un producto y presentarlo al mercado, si visita empresas y recibe gente del mundo de la empresa que le explica cómo se han transformado en acciones las grandes ideas, en secundaria sistematiza los conocimientos y la Formación Profesional se prepara para ser protagonista de su formación y de su futuro “. Estos casos están excesivamente orientados al mundo empresarial, y demasiado alejados de los fundamentos básicos para fomentar valores y aptitudes creativas. Hemos de ir con cuidado.
De todas formas, ambas posturas no son irreconciliables, el objetivo, general, marcado para la educación Infantil y Primaria, es que los alumnos conozcan algunos conceptos económicos básicos, que entiendan las relaciones entre los diferentes agentes sociales y se den cuenta de la importancia de  su formación. Será en el último curso de Educación Secundaria Obligatoria dónde se  pretende conseguir que los jóvenes desarrollen los valores de la perseverancia, la creatividad y la confianza en uno mismo; descubran sus habilidades e intereses; conozcan los riesgos de abandonar los estudios, y comprendan la relación entre economía y empresa, además del funcionamiento del mercado entre países en un mundo globalizado. No le falta ambición.
Esperemos que esta iniciativa no resulte un intento fallido de incentivar la actitud emprendedora con valores de alta cualidad, y acabemos con un “boom” de simples oportunistas vacios de contenido.

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