Filosofando…

imagesNo puedo obviar un tema tan trascedente como la huelga general del 29 de marzo, convocada como protesta a la reforma laboral y al ataque al Estado del bienestar por parte del Gobierno español. Es un tema complejo por sus múltiples dimensiones; social, política y económica. Así que he decidido abordarlo con cierta “filosofía”.

Los sindicatos, por definición, deben defender y promover los intereses sociales, económicos y profesionales de los trabajadores, y es legítimo y necesario que así sea. Entrar a debatir si es bueno o no para el país una huelga general en las circunstancias actuales, no deja de ser un argumento oportunista y demagógico. La convocatoria debe existir y somos nosotros, como sociedad, los que (libremente) debemos darle mayor o menor relevancia a través de nuestra participación.

Una vez dicho esto, considero que el quid de la cuestión no es tanto si estamos de acuerdo con la reforma laboral, o si estamos recortando en el lugar equivocado, la gravedad de la situación, el descontento, va mucho más allá de unas determinadas medidas. Estamos ante una grieta transversal y por tanto el análisis debe hacerse dando un paso hacia atrás para aumentar la perspectiva.

No sorprendo a nadie si defino el sistema que nos rige como un sistema capitalista, quizás lo que sorprenda es que me remita a Joseph Schumpeter o Carl Marx, teoristas de las primeras etapas del capitalismo, para abordar este “espinoso tema”. Primero Marx en “El Capital” (1867) y posteriormente Schumpeter en su obra “Capitalismo, socialismo y democracia” (1942), definieron el proceso de acumulación y destrucción de la riqueza bajo el capitalismo como “destrucción creativa”. Un proceso necesario para el crecimiento y la innovación, sólo posibles si la riqueza existente se devalúa constantemente – ya sea a través de guerras, abandono o crisis económicas – con el fin de despejar el terreno para la creación de nueva riqueza. No deja de ser sorprendente que a mediados del siglo XIX, ya se hablara de los “efectos colaterales” del capitalismo que aparentemente estamos viviendo actualmente. Schumpeter fue más allá y desarrolló el concepto con el argumento de que las fuerzas creativas-destructivas desencadenadas por el capitalismo lo conducirían a su desaparición. Que no cunda el pánico, sólo se está hablando de la destrucción de un sistema, nada más.

A finales del siglo XIX y comienzos del XX ya se tenía claro el precio que teníamos que pagar “disfrutar” de este sistema económico y social. Un sistema que, por otra parte, nos ha proporcionado el estado del bienestar en el que vivimos y al que no queremos renunciar. ¿Quién dijo que fuera sencillo?

Quiero entender, a partir de esta teoría de la destrucción creativa, que para crear un sistema nuevo, y como nuevo quiero decir un sistema mejor (a la evolución histórica me remito), debemos destruir lo que conocemos y volver a empezar. Este entendimiento hace que los recortes, las huelgas, los despidos masivos, los cierres de empresas, la crisis de la deuda, la crisis europea, la crisis financiera, la sensación de que nadie sabe qué hacer ni dónde ir, cobre algún sentido: estamos ante de un gran cambio, un cambio histórico, el “reset” del siglo XXI. ¡Mira que somos afortunados!

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