Lluvia de críticas a la Austeridad

2009-05-08-austeridadComo ya comenté en el pasado artículo, los planes de ajuste en los países europeos están orientados a rebajar la deuda sobre el Producto Interior Bruto. Ese es el plan. Situándonos en el supuesto de que es el camino correcto, hemos de tocar varios palos:

1.    El déficit, principal causante de la deuda, ha de bajar.
2.    Los intereses, que forman parte de la deuda, han de bajar.
3.    El crecimiento nominal (crecimiento real menos inflación) de la economía, generador de los recursos para pagar la deuda y para reducir el déficit, ha de subir.

Algunos dirigentes europeos, como Guy Verhofstadt, miembro del Parlamento Europeo y líder de los Demócratas Liberales de Europa, o como Erkky Tuomioja, ministro de relaciones exteriores finlandés, y otras voces acreditadas, como  Wolfgang Münchau, reconocido columnista del Financial Times, han levantado contundentes críticas a las medidas capitaneadas por la canciller Angela Merkel para la defensa y resurrección de la eurozona. Las críticas se centran fundamentalmente en el olvido del tercer punto. También critican la falta de unión política y fiscal y proponen medidas como la mutualización de la deuda (compartámosla como buenos hermanos) o el empleo de los fondos de rescate para incentivar el crecimiento.
A pesar del aliento que dichas críticas nos aportan, poner el punto de mira sólo en el crecimiento, olvidándonos de la austeridad, nos sacaría del fuego para caer en las brasas. La dificultad radica en la adecuada combinación de ambas variables; austeridad para reducir el déficit (vía reducción del gasto) y crecimiento para reducir el déficit y pagar la deuda (vía aumento de los ingresos).  Nadie dijo que fuese fácil.

¿Cómo combinarlas? Aquí me remito a un artículo que escribí hace algún tiempo en el que recordando a Keynes y Hayek debatía sobre gasto público… ¿sí o no? España, durante la época de esplendor, creció a tasas considerables por varios motivos. Uno de ellos fue precisamente la utilización de la rápida y eficaz herramienta del gasto público: carreteras, aeropuertos y grandes infraestructuras.  Otra fuente de crecimiento en los años de esplendor fue el masivo flujo de fondos desde el norte de Europa a los países periféricos. Este flujo se ha revertido en el último par de años, provocado una contracción monetaria sin precedentes. Bien, creo que en estos momentos no es adecuado recurrir al primero factor ya que esto endeudaría más las arcas públicas y nos alejaría de la solución combinada. Pero sí podemos recuperar el flujo de inversión exterior siempre que incrementemos nuestra credibilidad.

Esto se consigue, como todo, haciendo las cosas bien y generando confianza política y económica a los inversores. Es cierto que parte de esta credibilidad se basa en la puesta en marcha de medidas de ajuste fiscal (austeridad), pero los mercados están cada vez más preocupados por el crecimiento y menos por la deuda. Esto no significa que podamos soltarnos el cinturón. Hemos de ser capaces de conseguir, y de comunicar (casi más importante), que atacamos el problema por ambos frentes: me suelto el cinturón pero también me pongo a dieta. Para ello es necesario:

1.    Depurar el sistema de los excesos que le han conducido hasta aquí, como por ejemplo los derroches administrativos. Vamos a limpiar la paradita.
2.    Realizar cambios estructurales que incrementen nuestra productividad, competitividad y eficacia interna. Aumentando así la entrada de capital extranjero y las exportaciones. Todo a la espera de la recuperación de la demanda interna (previa condición  indispensable de reducción del paro).

El problema es que estas dos vías son efectivas en el largo plazo y siempre que se realicen bien. Pero considero que por mucho que el tiempo apremie, es hora de acabar con la España del parche.

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