¿Quién teme al lobo feroz?

lobo ferozMerkel ya tiene un plan para rescatar al euro “de una vez por todas”: los bancos centrales nacionales europeos, que operan bajo el paraguas del BCE, podrían prestar hasta 200.000 millones de euros al FMI para que sean canalizados hacia los países en problemas y luchar contra la crisis de deuda.
Otros, en cambio, reclaman de forma insistente, la creación de los llamados Eurobonos. Pero la canciller alemana, Angela Merkel, se aferra a su negativa. “Quien pida su emisión (la de los eurobonos) para hacer frente a la crisis de la deuda europea es porque no ha entendido la crisis”.
El camino que la canciller está tomando parece ser mucho más largo y complejo que un mero rescate económico. Las condiciones que el BCE reclama para atender las insistentes peticiones de compra de deuda soberana, se acercan mucho más a la “solución definitiva” que todos esperamos. Parece ser que el BCE estaría dispuesto a comprar deuda siempre que se hayan sentado antes las bases de una integración institucional que recobre la competitividad de los periféricos.
Las implicaciones de una “integración institucional” no son triviales.
Durante años hemos vivido bajo el cobijo de la una casa hecha de paja, y tal como ocurre en la fábula de “Los Tres Cerditos”, el lobo la está a punto de derrumbarla. Continuar creyendo que la Unión Europea puede ser construida bajo el único amparo de una unión monetaria, es aún más naif que creer en cuentos de hadas. Tenemos dos opciones: construir cimientos sólidos sin dejar que la frágil estructura actual se derrumbe, o permitir que la casa se caiga. Esta última opción nos dejaría a merced del lobo, indefensos ante un mundo cada vez más voraz.

Tengo la impresión de que muchos de los autores de este cuento son conscientes de este peligro. Merkel comentó recientemente que no hemos de esperar una solución repentina a la crisis. Se trata de un “proceso que durará años” y que requiere “cambios en los tratados europeos” para que haya normas vinculantes en el manejo de los presupuestos públicos.

De nuevo dos palabras con enorme carga significativa: “normas vinculantes”. Con un solo adjetivo hacemos referencia a la pérdida de soberanía de los países integrantes de la unión, en aras de un gobierno o pseudo-gobierno comunitario. Un gobierno que respalde las decisiones de forma integral y que sancione de forma automática cualquier desviación.

Nadie quiere hablar de ello abiertamente, nadie quiere admitir que ese es el argumento. Pero la decisión ya está tomada, la tomamos hace años cuando fuimos lo suficientemente ingenuos para pensar que una unión monetaria sería suficiente. El cuento ha durado unos años, pero tras el “vivieron felices y comieron perdices”, una historia muy diferente está a punto de empezar.

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