Luz a final del túnel

tunelEn un debate informal con profesores de economía de la UPF y de Yale tuve la osadía de comentar que, a mi juicio, la solución a la crisis sistémica que padecemos es la COOPERACIÓN (en mayúsculas).  Su respuesta fue de libro: “No existe mayor cooperación que la que se establece entre los agentes económicos que participan en el funcionamiento de los mercados; un comprador y un vendedor que se ponen de acuerdo para el intercambio.” He de reconocer, que en un primer momento, la respuesta me decepcionó. Está claro que mi intención, al utilizar esta palabra, era la de provocar una reacción contundente, y la respuesta me pareció tanto descafeinada como evasiva, pero me hizo reflexionar.

Es cierto que en los mercados de bienes reales la defensa de los intereses particulares nos conduce a una cooperación, y que a partir de esta cooperación todos los agentes (salvo ineficiencias) obtienen un excedente positivo. Señores, lamento decirles que las reglas han cambiado, el mercado financiero a pasado de estar al servicio de la industria a dominarla. En éste mercado para que unos ganen otros han de perder, los economistas lo denominan “mercado de suma cero”;  la cooperación no surge a partir de la conjunción de intereses individuales, es el interés del fuerte el que prevalece.   En este sistema, perfectamente engranado, dónde el único objetivo el beneficio económico y dónde no les tiembla el pulso a la hora de atacar a un país o al Euro si así aumentan sus ingresos, la ineficiencia se encuentra en  la asimetría entre un mercado con poder y alcance mundial y unos gobiernos no globalizados, débiles, incapaces de imponerse a la ley del más fuerte.

La solución es difícil. No parece probable que las fuerzas políticas sean capaces de adquirir a corto o medio plazo el poder  y la capacidad suficiente como para regular unas ineficiencias tan complejas. La autorregulación del mercado es la fórmula más sencilla y menos costosa, pero está generando externalidades que son tanto socialmente inaceptables como económicamente insostenibles.

Algunas voces, como Jean-Louis Chaussade, Director General de Suez Environment, se atreven a proponer soluciones como el “Progreso Compartido”. Un modelo basado en tres dimensiones: dimensión tecnológica, dimensión económica y social y dimensión de la colectividad humana, dónde la reflexión en solitario deja pasar a la coordinación de todos los grupos de interés en la toma de decisiones. Ideas como las del Sr. Chaussade  están poco a poco abriéndose camino entre las rígidas convenciones racio-económicas que nos rodean, y nos abren vías nuevas para entender un futuro que permanece oculto tras la incertidumbre.

Me gustaría creer que algo cambió ayer en la cumbre europea; no sé si fue que España e Italia ganaron el pulso a Angela Merkel, o bien que la Canciller por fin vio la luz. Fuese como fuese, esperemos que sea la luz al final del túnel.

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