La Esperada Reforma

LinksEscándalos como Enron, WorldCom o el más reciente Caso Millet, Palau de la Música, nos llevan a debatir acerca del papel del “maquillaje” contable en ese afán empresarial de maximización de beneficios y búsqueda de notoriedad y poder. Se trata de un mal endémico, principalmente en nuestra amada cultura mediterránea, que perpetúa ineficiencias como la baja productividad y competitividad de nuestra masa empresarial y laboral.
La reforma laboral presentada por el actual gobierno español es una muestra inequívoca de otro formato de maquillaje, en esta ocasión político muy representativo de nuestro “savoir-faire”. Nuestros líderes se han hecho la siguiente pregunta: Cómo podemos calmar a Europa, contener a los sindicatos y salvar la cara frente al voto izquierdista? En lugar de plantearse las necesidades reales de un mercado laboral obsoleto, rígido e ineficiente. Es un avance tímido, que buscará en el trámite parlamentario el apoyo (y pago político) del resto de partidos políticos (si nos hundimos que sea en compañía).
La reforma ha de profundizar hasta la estructura de la negociación colectiva, el control judicial e incluso la formación de nuestra oferta de trabajo. Nuestro sistema adolece de una excesiva rigidez en su forma y resolución. Incentivar la creación de empleo debiera ser uno de los objetivos fundamentales de esta reforma. Reducir el contrato temporal a dos años en un país como el nuestro, donde la temporalidad de ciertos sectores económicos es estructural no va a favorecer este objetivo.  El abaratamiento del despido, si bien una medida necesaria como paliativo a la reticencia empresarial a contratar, se ha diseñado para futuros contratos ralentizando un cambio que nos urge. Y finalmente la ambigüedad en la procedencia del despido que abarataría hasta 20 días el coste estará finalmente sujeta a la decisión judicial que, a la vista de la experiencia, resolverá con carácter generalizado como improcedentes.
Una pequeña brecha que ha de profundizar en su periplo parlamentario hacia reformas que ahonden en causas estructurales que flexibilicen y rompan tabúes tan obsoletos como dañinos en una cultura como la nuestra, en la que el trabajo es más un derecho que un deber.

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